Un triángulo amoroso: El sol entre el arbol del incienso y el heliotropo

Capítulo 32

HELIOTROPO: Gracias, Apio que gustas de crecer en lugares húmedos. Mi nombre viene del Griego ήλιοτρόπιον, construido a partir de Ήλιος, el sol y τροπή, vuelta, giro, refiriéndose al movimiento que diversas especies efectúan acompañando el curso del sol.

Ya lo dijo Plinio el Viejo en su “Historia Natural”.

AVELLANO: Plinio murió en la erupción volcánica de Pompeya en el año 79 de la era cristiana.

HELIOTROPO: La humana gente me llama heliotropio común, mayor, silvestre o simplemente heliotropo; también me llaman girasol. Pero no se me debe confundir con el  Girasol o Helianthus annuus,

de grandes flores amarillas, desconocido en Europa en los tiempos anteriores a que los humanos descubrieran el continente americano.

Mis flores no son amarillas, sino azules, lilas o blancas y son de pequeño tamaño.En castellano también se me llama jaramago, tornasol y muchos nombres más según la región. Mi uso medicinal es antiguo.

Carlomagno ordenó en un documento que en sus campos se cultivasen una serie de hierbas y condimentos incluyendo «solsequiam», o lo que es lo mismo, yo misma.

 Me hubiera gustado que hubiese sido de otra forma, pero no puedo ignorar que la historia de mi nacimiento es muy triste, porque tiene su explicación en la muerte de una linda muchacha. Se llamaba Clitia.

Clitia  Obra de Joseph-Stanislas Lescorné 

ÁRBOL DEL INCIENSO: Me presento. Yo soy la Boswellia sacra y  -no puedo negarlo-  la historia de mi nacimiento también es triste, porque también es debida a la muerte de otra bonita joven. Se llamaba Leucótoe  y murió por amor. Yo broté de su tumba.

PAPIRO: En muchos idiomas antiguos la palabra “árbol” viene a significar “el que brota”, “el que crece”, “el que se eleva”.

ÁRBOL DEL INCIENSO: Todavía los Titanes ejercían cierto dominio sobre la Tierra, resistiéndose a asumir que los dioses Olímpicos hacían uso ya de su predominio y que un día no muy lejano estos últimos les arrebatarían por completo su pasado poder.

HELIOTROPO: Déjame a mí, pequeña Boswellia que para crecer en las pendientes escarpadas y asegurarte cierta estabilidad necesitas desarrollar un muñón en forma de cojín en la base del tronco que se adhiere a la roca.

ZUMAQUE*: ¿Me equivoco o puede apreciarse una leve hostilidad por tu parte hacia el Árbol del Incienso?

HELIOTROPO: ¿Hostilidad yo? Ahora ya no tengo nada contra la Boswellia, cuya resina se escurre como una baba lechosa.

ÁRBOL DEL INCIENSO: Pues sí. Y se recoge con la mano porque se coagula en contacto con el aire. ¿Pasa algo por eso?

Prosigue tú si eso te hace feliz, flor a la que también se nombra como alacranera, cenizo,  hierba borreguera,  hierba de la disentería, hierba de las verrugas o hierba del alacrán.

HELIOTROPO: No oigo nada; debe haberse levantado mucho viento.

El esplendente hijo del titán Hiperión, Helios, que aún tenía el Sol a su cargo, se había enamorado de una joven de insólita belleza que respondía al nombre de Clitia.

Era la hija mayor del rey de Persia, Órcamo. La divina Afrodita de ojos vivos (2) fue quien infundió el amor en los protagonistas de mi historia para vengarse de Helios.

MIRTO: Mi diosa Afrodita tenía razones para estar rabiosa contra el titán. El motivo: Helios había ido con el cuento a Hefesto,esposo de Afrodita, acerca de los amoríos que esta tenía con su amante Ares.

La fragua de Vulcano, por Velazqez

En venganza, la diosa que nació de la espuma del mar castigó a Helios por su delación, haciendo que se enamorase por partida doble. (*)

El triángulo amoroso de Helios, como el de Seilor

HELIOTROPO: Clitia correspondía a Helios y ambos amantes vivieron felices su amor durante un tiempo.

Clitia

ÁRBOL DEL INCIENSO: Pero una fresca madrugada del mes de abril el alto Helios conoció a la hermana menor de Clitia.

Esta era Leucótoe. En ese preciso instante, en el ardiente pecho de Helios se apagó el amor por Clitia.

Leucótea, por Jean Jules Allasseur

Un fuego mil veces mayor se había encendido en su corazón de titán y Leocótoe era la responsable. La joven princesa le parecía a Helios cien veces más graciosa y seductora que su hermana. No le costó mucho trabajo  a Helios enamorar a Leucótoe.

HELIOTROPO: ¿Podéis imaginar el odio que los celos  hicieron brotar en el corazón de Clitia?

Sabes que padre tiene otros planes para ti. No tienes derecho a irritarle. Sabes lo furioso que se pone cuando se le lleva la contraria – increpaba Clitia a Leucótoe, intentando inútilmente disuadirla de sus amores con el luminoso Titán que hasta hacía poco había sido su amante.

No le digas nada a nuestro padre, te lo suplico– le rogaba Leucótoe a su hermana.

Leucótoe, por el cariño que te tengo… puedes confiar en mí. No le diré nada a nuestro padre – aseguró Clitia.

Prométemelo, hermana – insistió Leucótoe.

 – Te lo prometo – ratificó Clitia.

Y Clitia no rompió su promesa. A su padre Órcamo nada le reveló.

ÁRBOL DEL INCIENSO: Pero difundió maliciosamente la noticia entre todas sus amigas y sirvientas, con lo cual no tardó mucho en enterarse el rey del idilio de su hija menor, Leucótoe, con el ardiente Titán.

El rey persa era todo menos una persona ecuánime y tolerante. Dejándose llevar por un ataque de ira, ordenó al capitán de su guardia matar a Leucótoe.

Si no ordena otra cosa, lo haré por la noche, señor – rogó cabizbajo el capitán-   Evitaré así que Helios, que de día todo lo ve, pueda …

Se reprimió el capitán y devoró el resto de la frase, que era “pueda rescatarla de una muerte tan injusta”. Pero no había forma de desobedecer las órdenes de aquel cruel rey persa que ponía el orgullo de ver cumplidos sus deseos por delante del afecto que debía a sus hijas.

Helios sólo pudo llorar sobre el cadáver de su amada Leucótoe. Derramar a su alrededor néctar divino le sirvió de cierto consuelo. En esa hora, la tierra se abrió para recoger el cuerpo de la desdichada joven. Y un instante después surgí yo del interior de la tierra a la superficie terrestre.

Sauce llorón. Salix babylonica

SAUCE LLORÓN *: ¿Y qué pasó con Clitia?

Cedro del Himalaya. Cedrus deodara

CEDRO: Mis diosas, las poderosas Erinias, no podían dejar de perseguirla.

ÁRBOL DEL INCIENSO: Consumida por los remordimientos, se dejó morir de hambre y de sed. Helios sintió … Pero mejor dejo que lo cuente el Heliotropium europeum.

HELIOTROPO: Como quieras, Árbol del Incienso, de diminutas flores blanco-amarillentas.

Helios sintió también cierta culpabilidad en su duro corazón de Titán. Al fin y al cabo, sus veleidades y su falta de fidelidad hacia Clitia habían sido responsables de aquellas desgracias. Y quiso evitar que la tortura, a la que Clitia se había condenado a sí misma, se alargase.

Clitia en el Museo del Prado

Algo tarde, porque poco faltaba para que la joven exhalase el suspiro final. Entonces Clitia susurró: “Bajo ninguna circunstancia dejaré de mirarte” y se convirtió en una flor: yo misma.

CAMELIA*: ¡Qué triste!

HELIOTROPO: El poeta romano Ovidio lo cuenta infinitamente mejor que yo. A ver si recuerdo el fragmento:

“…no probó en nueve días más que sus lágrimas y el rocío del cielo….Cuentan que su cuerpo quedó unido a la tierra; que la parte inferior de él apareció de un color cárdeno, y que en lugar de rostro se veía una flor tornasolada con mezcla de violeta. Aunque asida a la tierra por sus raíces, no deja de volverse hacia el sol, mostrándole, a pesar de su transformación lo mucho que le ama”. (13)

CATALPA*: Triste pero hermoso.

Fresno. Fraxinuns spp.

FRESNO: Me hubiera gustado tener a ese tal Órcamo, ese padre desnaturalizado, ese hombre asesino, debajo de mis frondas, para dejar caer en su dura cabezota mi rama más gruesa.

ENCINA: Así se habla.

(*) En el Museo del Prado, el cuadro de Velázquez “La fragua de Vulcano” relata el hecho. Hefesto (Vulcano para los romanos, trabaja en su fragua en colaboración con los 3 Cíclopes, cuando recibe la visita de Helios (o Apolo).

 En el Prado hay una escultura que representa a Clitia, debida en su mayor parte a Giulio Cartari, nacido en 1644.

(13) Ovidio. “Las Metamorfosis” Fábula III del Libro IV

Próxima lectura:

«Croco y Esmilax» Capítulo 33

Elena Huerta Fernández para VISITARB MADRID