El acanto y el escultor
Capítulo 45

ACANTO: Por fin me toca. Confieso que ya estaba impaciente por intervenir. Antes de dar inicio a mi leyenda, debo primero hablaros de dos figuras históricas. Subrayo, Avellano, que son absolutamente reales. Uno de ellos fue un romano contemporáneo de Julio César; es decir, que hablamos del siglo I antes de Cristo. Este romano insigne fue arquitecto, ingeniero y autor del tratado sobre arquitectura más antiguo que se conserva. Se llamó Vitrubio.


El otro personaje histórico a quien debo referirme vivió en la Atenas del siglo V antes de Cristo. Fue pintor y orfebre, pero sobre todo fue un escultor elegante y refinado. Se llamó Calímaco. (*)

El tercer personaje bien pudiera ser real; pero al no conocerse su nombre habremos de considerarle concerniente a la incorpórea hojarasca de la leyenda. Sabemos, no obstante, que era una muchacha y que vivió en Corinto.


PINO PIÑONERO: Corinto fue una polis o ciudad estado situada a medio camino entre Atenas y Esparta.

Se encuentra en el istmo de Corinto, una estrecha franja de tierra que une el Peloponeso con la Grecia Continental.

ACANTO: No sabemos por qué motivo, pero sabemos que la chica murió prematuramente.

AVELLANO: Todo ser humano tiene su “Moira” (su “parte” de vida); su destino, su suerte.

Con esta adolescente Átropo hiló escaso hilo, Cloto lo enrolló en un ovillo pequeño y Láquesis (la tercera de las Moiras) cortó el hilo demasiado pronto.


ROBLE: ¡Avellano, de la familia del Abedul, estás jugando al despiste!
AVELLANO: ¡No! ¡Hablo en serio! Todos sabéis que en nuestra primera reunión (1) yo fui el encargado de hablar de las Moiras, hijas de la Titánide Temis, que representa el Orden y la Justicia, y fue la segunda esposa de Zeus.

Puedes continuar, Acanto que gustas de vivir en ribazos, rocas y lugares húmedos y frescos.

ACANTO: Gracias. Cuenta Vitrubio en su tratado que, cuando la joven corintia murió, su nodriza puso sobre su tumba un cestillo con algunos de los objetos que la muchachita había usado en su breve vida, y tapó la cesta con un ladrillo.

Quiso la casualidad que el canastillo quedase sobre la raíz de una de mis plantas. Cuando llegó la primavera …

GRANADO: O sea, cuando mi preciosa diosa Core dejó el inframundo y a su esposo Hades, dios de los muertos y abandonó su personalidad de Perséfone o “la Terrible” para regresar a la superficie de la Tierra con su madre Deméter, diosa de los cultivos …

ACANTO: Bueno, pues cuando todo eso ocurrió, de mi planta de acanto brotaron tallos y hojas que al tropezar con los bordes del ladrillo tuvieron que doblarse, produciendo los contornos de las volutas.

Casualmente Calímaco, el escultor, pasara por allí, le gustó el efecto del acanto sobre el ladrillo y decidió reproducir la planta en un nuevo capitel de columna que debe su nombre a la ciudad en que fue concebido: el capitel corintio.





GRANADO: Os lo digo en serio, la especie humana me fascina.

ROSAL: “Muchas cosas asombrosas existen y, con todo, nada más asombroso que el hombre”. No lo digo yo, lo escribe Sófocles en su tragedia “Antígona”.

ENCINA: Si en vez de “el hombre” hubiera dicho “el ser humano”, no hubiera dejado fuera a la mitad de la humanidad. Sófocles sigue diciendo: “Se enseñó a sí mismo el lenguaje y el alado pensamiento, así como las civilizadas maneras de comportarse”.

FRESNO: “Y también, fecundo en recursos, aprendió a esquivar bajo el cielo los dardos de los desapacibles hielos y los de las lluvias inclementes.”


BOJ: “Nada de lo por venir le encuentra falto de recursos.”


CIPRÉS: “Solo del Hades no tendrá escapatoria.”


ALTEA MALVAVISCO: “De enfermedades que no tenían remedio ya ha discurrido posibles evasiones”. (12)



ACANTO: En resumen: el tercer orden de columnas, el corintio, representa la delicadeza de una doncella que se adorna para aumentar su belleza.

¿Os cuento algo sobre Corinto?

ROBINIA *: Eso ni se pregunta, Acanto.

OLMO: Según Homero, los corintios lucharon bajo el mando de Agamenón en la guerra de Troya
ACANTO: Al principio de los tiempos, Gea engendró con Urano a los tres Cíclopes

y a los tres Hecatonquiros (o Cienbrazos).



Pausanias, en el siglo II antes de Cristo, cuenta el siguiente mito corintio. Uno de los tres Cienbrazos, concretamente Briareo, ejerció de árbitro en una pelea entre el Olímpico Poseidon y el Titan Helios


El Titán y el Olímpico se disputaban la posesión del istmo de Corinto. Briareo decidió que el istmo de Corinto fuese de Poseidon

y la acrópolis de Corinto perteneciese a Helios

El fundador de Corinto fue Sísifo.


ABETO: Si la sagrada Titánide Memoria (Mnemósine) de brillante diadema (3) os es propicia, recordaréis que el rey Sísifo fue el tío del pequeño Melicertes, y que en su honor fundó los Juegos Ístmicos.

ACANTO: De todas las numerosas hijas del dios-río Asopo, la escultural Egina fue la hija más querida.

Zeus se enamoró de Egina de cabello rebelde y la raptó sin más.

Cuando Zeus y Egina pasaron por Corinto, Sísifo les vio. El río Asopo supo que Sísifo conocía quién era el raptor de su bella hija Egina y fue a preguntarle.

De primeras, Sísifo se negó a informarle:
– “Yo te diría quién es el raptor, pero no antes de que tú me regales una fuente que mane en la Acrópolis de Corinto” – le dijo Sísifo finalmente.
– “Tendrás tu fuente” – barboteó Asopo.

Asopo hizo brotar una fuente donde Sísifo le pedía.
Se trata de la fuente Pirene. La fuente Pirene está ubicada en el recinto delimitado por las murallas de la acrópolois de Corinto.


MORAL: En la fuente Pirene abrevaba Pegaso cuando Belerofonte le capturó.

¿Quién de vosotros recuerda que Belerofonte fue nieto de Sísifo y que tuvo que abandonar la ciudad tras matar accidentalmente a su hermano?

SAUCE LLORÓN*: Yo lo recuerdo.

acanthus mollis
ACANTO: De los amores de Egina con Zeus nació Éaco, un personaje mítico de importancia.

La isla donde Zeus llevó a su amante adoptó su nombre: la isla de Egina en el mar Egeo.


Posteriormente Egina se casó con un mortal y fue la abuela de Patroclo.

ENCINA: La historia de Éaco la expuse yo en nuestra primera reunión vegetal (1). Éaco, el hijo de Egina, fue el más justo y piadoso de los griegos. Sus hijos fueron Peleo y Telamón; lo que es lo mismo que decir que Éaco fue el abuelo de Aquiles y Áyax.


ACANTO: Con esto llega el fin de mi participación. Me despido, agradeciéndoos a todos vuestra amable atención.
ENCINA: Y a todas. (Vaya esto para la Real Academia de la Lengua)

GRANADO: ¡Bravo, Encina!
Por mi parte decirte que Calímaco representó de forma magistral el baile de cuatro mujeres ménades cuyas admirables esculturas se conservan en el Museo del Prado


ESPINO BLANCO: Gracias, Acanto, cuyas grandes y hermosas hojas basales lobuladas, brillantes y también su larga espiga floral tienen un aspecto señorial. Por allí hace ademán de querer hablar una herbácea… ¿Alguien la conoce?
Próxima lectura:
Capítulo 46
«Una hierba para la inmortalidad»
Elena Huerta Fernández para VISITARB MADRID